Beatriz Garrigo
HISTORIA
Una carretera asciende por el macizo de las Albères; la vegetación cambia y el aire se vuelve fresco.
Caballos, los cencerros de un rebaño de cabras a lo lejos…
Una casa como una obra de arte, en la que cada azulejo, desde el suelo hasta el techo, ha sido modelado, pintado y esmaltado por la dueña de la casa.
Beatriz trabaja en un taller con ventanales que se abren de par en par a un paisaje idílico.
Estudió pintura en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, su ciudad natal. Más tarde, al otro lado de la frontera catalana, aprendió a trabajar la famosa arcilla roja de La Bisbal.
Cada una de sus piezas se somete, por este orden, a los procesos de torneado, secado, cocción, pintado, cocción, esmaltado y una última cocción.
Mimosa, granada, azul, amarillo sol, pez, gris cemento, flor, rojo peonía, negro carbón; sus coloridas obras están pensadas para el uso diario y se venden en museos y galerías de arte.
Para ella, el arte y la vida son una misma cosa, llena de alegría serena, sencillez y belleza.